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Coronavirus

Calles vacías, turista aburridos, comerciantes preocupados: Puerto Rico en medio de toque de queda por el coronavirus

 

Sequoia Mack y su amiga volaron de Baltimore a Puerto Rico el domingo con la esperanza de visitar algunos clubes y celebrar su 21 cumpleaños. En su lugar, el paso de la noche fue caminar hasta una gasolinera a comprar agua, el único establecimiento que pudieron encontrar abierto en medio del toque de queda en la isla.

Puerto Rico, un territorio estadounidense de 3.2 millones de habitantes, ha tomado algunas de las medidas más extremas en el país para combatir la propagación del coronavirus.

La gobernadora Wanda Vázquez impuso el domingo un toque de queda de 9 p.m. a 5 a.m. que estará en vigor hasta finales de este mes, y ordenó que todos los negocios no esenciales cerraran.

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La isla tiene cinco casos confirmados de COVID-19, la enfermedad que provoca el coronavirus, y espera los resultados de por lo menos cuatro casos más, pero Vázquez dijo que el cierre de actividades es necesario para controlar la propagación del virus.

El anuncio —hecho durante el fin de semana y menos de 24 horas después que funcionarios dijeron que no se estaba planeando un toque de queda— tomó a muchos por sorpresa. Pero el lunes parecía estar funcionando.

Grandes zonas de la ciudad estaban extrañamente vacías. En el Viejo San Juan, la mayoría de los restaurantes y bares, que en tiempos normales está llenos de gente y algarabía, estaban cerrados. Y el puerto, un lugar de gran actividad debido a los pasajeros de los cruceros, era un lugar fantasma.

Según el decreto de la gobernadora, solo los restaurantes que ofrecen comida para llevar, tiendas de abastos, farmacias, bancos y otros “negocios esenciales” pueden permanecer abiertos.

Pero los teatros, museos, bares, centros comerciales, gimnasios, tiendas en general, que es lo que atrae a los turistas, están cerrados.

“Estamos pensando en acortar nuestro viaje”, dijo Mack, menos de 24 horas después de llegar. “No estamos experimentando las cosas por las que vinimos”.

Los dueños de negocios que no obedezcan el decreto se arriesgan a una multa de $5,000 y un máximo de seis meses de prisión. El lunes, la Policía dijo que había multado a un bar en la ciudad central de Orocovis e implementó más de dos decenas de acciones de cumplimiento.

Huracanes, terremotos y pandemia

El coronavirus es sencillamente el mal más reciente que golpea a la isla.

Abrumada por una recesión que ya dura un decenio y todavía en recuperación del huracán María en 2017, la isla fue estremecida por varios terremotos a principios de este año, que provocaron amplios daños y alejaron a los turistas.

La semana pasada, cuando se identificaron los primeros casos del COVID-19, el gobierno declaró el estado de emergencia, canceló las clases en las escuelas hasta fin de mes e impuso una moratoria a los barcos de crucero.

Y entonces llegó el domingo y sus medidas fuertes.

José Ledesma-Fuentes, presidente de la Cámara de Comercio de Puerto Rico, dijo que las nuevas regulaciones pudieran acabar con algunos negocios débiles.

“En este momento hay mucha incertidumbre”, dijo. “Enfrentamos un cierre parcial junto con un toque de queda y no sabemos cuántos días o semanas va a durar”

Puerto Rico decretó un toque de queda y ha ordenado el cierre de todos los negocios no esenciales para tratar de controlar la propagación del coronavirus. Esto ha afectado grandemente la vida en el Viejo San Juan, que en tiempos normales es un hervidero de turistas. Jim Wyss Miami Herald

El decreto es válido hasta el 30 de marzo, pero Ledesma-Fuentes dijo que la comunidad empresarial está alarmada por las recomendaciones de los CDC de suspender todas las reuniones grandes durante ocho semanas.

“Un cierre de actividades de ocho semanas sería devastador... para la economía de Puerto Rico”, afirmó.

Aunque algunas compañías pudieran tener seguro contra interrupción de actividades, muchas ya agotaron esa cobertura durante los terremotos.

Incluso así, dijo que la mayor parte del sector privado reconoce que las medidas son necesarias.

“Todos entienden que lo más importante es la seguridad”, dijo. Y sin acciones concertadas, “esta pandemia pudiera afectar a Puerto Rico mucho más fuerte”.

Pablo Jiménez, abogado de 51 años, aprovechaba la ausencia de gente en las calles del Viejo San Juan para ayudar a un familiar a mudarse. Pero dijo que las nuevas reglas son particularmente dolorosas para los pequeños negocios.

“Para el gobierno es fácil decir que van a tener que cerrar porque [los empleados del sector público] seguirán cobrando”, dijo. “Pero si yo no trabajo, no cobro”.

¿Amenaza al turismo?

También hay preocupaciones sobre la verdadera efectividad de las medidas. Mientras la vida de los puertorriqueños en la isla se ha detenido, turistas de Florida y Nueva York siguen llegando.

Mario, estudiante europeo de posgrado que cursa estudios en el noreste de Estados Unidos, dijo que a última hora encontró un boleto de Nueva York a San Juan por $30. (A medida que el coronavirus se ha propagado, las aerolíneas han reducido los precios de los boletos).

Mario, quien no quiso que se conozca su apellido, dijo que su universidad ha estado enviando los estudiantes a casa, de manera que decidió pasar la crisis en un lugar cálido en vez de bajo cuarentena en Europa.

“Puerto Rico ya es un lugar surrealista, y verlo durante la crisis del coronavirus es más surrealista todavía”, dijo de las calles desiertas.

Aunque la gobernadora Vázquez había ordenado que las Guardia Nacional examinara a todos los pasajeros que llegaran, eso no está sucediendo, confirmaron Mario y otros viajeros recién llegados.

Aunque Puerto Rico es uno de los primeros países en tomar medidas tan drásticas, otros probablemente sigan su ejemplo.

Mientras Mack y su amiga, Alexis Marshall, se tomaban fotos frente a una puerta pintada con la bandera puertorriqueña, recibieron un mensaje de texto alertando que Maryland también está cerrando los restaurantes y prohibió las reuniones grandes debido al COVID-19.

La nueva noticia de repente hizo que las calles desiertas de San Juan, vacías pero soleadas y hermosas, parecieran mucho más atractivas.

“Creo que mejor nos quedamos aquí”, dijo Marshall.

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